La crisis no desaparece, la selección Mexicana de futbol no puede con Estados Unidos. Análisis

Por Marco Reyes

Jaime Lozano, en su intento por vencer, no encontró la fórmula. México se mostró nuevamente dubitativo, carente de creatividad y con un ritmo insuficiente frente a su principal rival. La maldición se convirtió en una dominación, ya que Estados Unidos, utilizando su táctica habitual, el 2 a 0, se coronó campeón de la Liga de Naciones de Concacaf por tercera vez consecutiva.

Los deseos de Lozano se desvanecieron como un sueño. La cruda realidad confrontó al entrenador nacional, quien ahora se tambalea en el puesto más caliente del fútbol mexicano ante esta pesadilla recurrente.

El planteamiento de México fue diferente al enfrentarse a Panamá. La ausencia inesperada de Julián Quiñones debilitó al equipo, que con Hirving Lozano intentó hacer frente a un conjunto estadounidense que lucía imponente desde el principio.

Las barras y estrellas mostraron su fortaleza desde el inicio. Christian Pulisic desplegó su magia en el área mexicana, superando a Guillermo Ochoa con un toque sutil por encima. Lozano apostó por un juego intenso por las bandas, con Antuna preocupado por detener a Robinson y Chucky teniendo problemas con Sergiño Dest. Sin embargo, México no logró generar peligro, a pesar del esfuerzo de Raúl Jiménez ante la defensa estadounidense.

El primer tiempo llegó a su fin con un gol de Tyler Adams, aprovechando un momento de desconcierto defensivo mexicano. El equipo tricolor se fue al descanso desanimado, mientras que la afición se emocionó con la entrada al calentamiento de Giménez, Orbelín y Alvarado, sin embargo, esto no inquietó al equipo estadounidense, que regresó al campo con la misma intensidad.

El segundo golpe llegó después de un despeje, cuando Giovanni Reyna estrelló el balón en el poste antes de que Paco Memo pudiera reaccionar, ampliando la ventaja para Estados Unidos.

Este golpe dejó a México tambaleándose. A pesar de los intentos de Lozano por revivir a su equipo con cambios, como la entrada de Santi, Pineda y Romo, nada funcionó. Incluso, los gritos homofóbicos de la afición interrumpieron el juego en los minutos finales.

No hubo más para México en Dallas, mientras que Estados Unidos reafirmó su dominio con un 2 a 0, demostrando que la supremacía estadounidense persiste independientemente del entrenador mexicano en el banquillo.

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